Difusión Cultural

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Crónica de un concierto de la Orquesta Filarmónica de Sonora

2 noviembre, 2015

Orquesta Filarmónica de Sonora concierto

Gemma Cota

 

En punto de las siete de la noche, faltando una hora para que diera inicio la función, la audiencia arribaba a la Casa de la Cultura con el propósito de celebrar los aniversarios de la Universidad Kino y la Universidad de Sonora, y por supuesto, presenciar la participación del pianista Jorge Federico Osorio. En la fila había alrededor de 100 personas, quienes con calma esperaban el inicio del concierto.

Pasado un cuarto de hora, se abrieron las puertas de la sala para los invitados de honor, mientras tanto, la fila seguía creciendo, a un punto en el que ya daba vuelta a la plaza central con casi el doble de personas. Aun así, las sonrisas y los saludos estuvieron presentes, y en el ambiente se podía sentir el entusiasmo y las ganas de la gente de presenciar la función.

Llegadas las 19:36 hrs. el auditorio volvió a abrir sus puertas, pero esta vez para el público en general. La fila poco a poco fue disminuyendo, entretanto, dentro del auditorio las butacas libres eran más y más escasas. Los músicos daban un último repaso a las piezas musicales antes de comenzar.

El auditorio vestía un nuevo diseño. Catorce mamparas se ubicaban alrededor del escenario, las cuales ayudarían a apreciar mejor el sonido. La distribución de la orquesta no era la tradicional: del lado izquierdo del escenario se encontraban los chelos y los contrabajos, a un lado de los segundos violines, en lugar de estar situadas en su lugar de origen que es del lado derecho del escenario al costado de las violas.

Llegó la primera llamada y a escasos minutos se dio la segunda. Dando el mismo procedimiento que en todas las funciones: apagar o poner en vibración el celular, y no tomas fotografías con flash. Siete minutos pasada las 8 de la noche, la tercera llamada fue dada y se inició con las introducciones.

Con nervios e inseguridad el vocero dio la bienvenida al público y al rector de la Universidad Kino, José Rentería Torres, así como a Lupita García Sepúlveda, coordinadora de Comunidad Integral Kino, dando mención al 30 aniversario de la Universidad Kino, al igual que el 73 aniversario de la Universidad de Sonora, y por último los 50 años de carrera artística del maestro Jorge Federico Osorio.

Con un fuerte aplauso los asistentes recibieron al director de la Orquesta, Christian Gohmer, quien se ha convertido en uno de los directores más activos del país de la nueva generación, por su creciente actividad dentro de la música sinfónica, la ópera y la música contemporánea. Fue así, que sin más preámbulos, dio inicio al espectáculo.

Comenzando con un Andante Festivo, una sola composición de movimiento de Jean Sibelius, Gohmer presentó la primera parte del concierto sin su batuta, pero con la energía que lo caracteriza siendo una pieza lenta. Siguió la Sinfonía No. 41 Júpiter K. 551, la cual tuvo una duración de 40 minutos. Los movimientos que salían de sus dominantes brazos hacían que la piel de los presentes se erizara.

Terminando la sinfonía, se dio el intermedio, fue entonces que los presentes aprovecharon para actualizar sus redes sociales y platicar un poco. En ese momento entró el gran piano de Jorge Federico Osorio. Una belleza para el ojo del espectador, algunos comentaban que “era un piano de un millón”.

La tercera llamada fue anunciada, la gente regresó a sus lugares y presentaron al pianista invitado, que con un fuerte fue recibido por los espectadores. Osorio es considerado uno de los más eminentes pianistas de nuestros tiempos, y se ha presentado con las principales orquestas de México y el mundo, como las filarmónicas de Londres, Israel, Bogotá, la Nacional de Francia, Estatal de Moscú, Nacional de Perú, entra muchas más.Jorge Federico Osorio

El director con batuta en mano y Osorio con una sonrisa, iniciaron la segunda parte de la presentación con el Concierto No.1 para piano y orquesta Op.23 de Piotr Ilich Tchaikovsky. Esta vez, los desplazamientos del Gohmer eran aún más firmes, exagerados, bruscos, pero a su vez entrelazaba con movimientos suaves y tiernos, al ritmo de la melodía. Mientras que la experiencia del pianista se apreciaba con la hermosa introducción de la pieza, y la pasión que había en el movimiento de sus manos al hacer contacto con las notas. Esta pieza tuvo una duración de 40 minutos.

Fue una pieza alegre, divertida y emocionante. Tuvo sus altos y sus bajos, de vez en cuanto se podía escuchar a lo lejos suspiros de enternecimiento, y leves aplausos en los momentos en que no debía de haber.

Cuando terminaron, el público se puso de pie y aplaudieron con euforia al maestro, quien con una reverencia agradeció a los presentes y a los músicos el amable gesto. Pero no terminó ahí, porque cuando pensaban que habían finalizado, Jorge Federico Osorio regresó al escenario y regaló una última pieza, la Sonata en Do Mayor de Mozart, con la que a todos deleitó. Esta vez, los músicos estuvieron atentos apreciando conmovidamente el regalo de Osorio.

Después de dos horas de concierto, se dieron las diez de la noche, y por segunda vez los asistentes se volvieron a poner de pie, para ahora sí a dar por concluido el concierto, en donde muchos salieron con lágrimas en los ojos.

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Imágenes del Instituto Sonorense de Cultura.

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