Difusión Cultural

Cambiar fondo

Que quede claro: la declaración de principios de Leticia Quiroz.

24 diciembre, 2016

    por Ana Álvarez**

 

15385479_1048840615238740_1347330424990288081_oQue quede claro (2016) es el primer libro de la poeta y activista sonorense Leticia Quiroz. Esta obra surge en un contexto donde, gracias al trabajo de las feministas desde distintos flancos, se está logrando, poco a poco, visibilizar la violencia cotidiana hacia las mujeres tan cultural e institucionalmente normalizada. Ante esta epidemia, que si bien no es nueva pero la estamos comenzando a percibir a mayor escala gracias a las redes sociales y a la comunicación en general posibilitada por la internet, diversos grupos y esfuerzos individuales feministas se están encargando de señalar, de protestar, de proponer y, por supuesto, de crear.

Vulvas Rebeldes Editorial inicia su producción con Que quede claro, representando estos esfuerzos. Como esta editorial declara en su página de Facebook, su labor consiste en una intervención para resignificar y crear la experiencia y las versiones de cómo se ve, cómo se interpreta y cómo se vive el mundo a través de los cuerpos de las mujeres. Esta propuesta es imprescindible e impostergable al constatar que en México y, particularmente en el estado de Sonora, las obras que se imprimen, que se leen (al menos en la escuela de Literatura) y que ganan concursos son mayoritariamente de hombres (basta con ver los ganadores de año con año de las distintas categorías del Concurso sonorense del libro -¿no participan mujeres? y, en todo caso, si no lo hacen ¿cuáles son las causas y consecuencias de esto?-).

En este contexto, entonces, de propuestas y urgencia de intervenciones feministas, también cabe señalar que, aunque hay un nuevo espacio para la reflexión y la deconstrucción de lo que es “ser” mujer y de las relaciones y mecanismos psíquicos e institucionales de poder en los que nos encontramos supeditadas, coexiste un discurso machista que se recrudece y reproduce violenta e impunemente. Es necesario señalarlo porque, al hacerlo, se da cuenta no sólo de la necesidad, sino del coraje de las voces que se encuentran en un enfrentamiento desigual contra el patriarcado; nunca falta la descalificación, la ridiculización, la intimidación, la desaprobación pública o el aniquilamiento en cualquiera de sus formas.

 

En este panorama, ahora sí, aparece Que quede claro. Es, de entrada, un texto beligerante porque, al presentar una voz lírica que habla desde la (construcción de la) experiencia de una mujer, rechaza la “neutralidad” que se le confiere por tradición a la voz lírica masculina; esto conlleva a un señalamiento de la obra por la institución literaria que considera, aún, las categorías de análisis propuestas por las teorías literarias feministas como exóticas e innecesarias para la crítica literaria dominante. Como apunta Laura Freixas en Literatura y mujeres:

[..] el porcentaje de artículos de crítica literaria que mencionan la identidad o carácter masculino de una obra, de su autor o de sus lectores es, muy exactamente, cero. Diríase que los hombres-escritores o lectores nunca son vistos como representantes del colectivo varones, sino como individuos o como representantes de la categoría ser humano.  (68)

Al configurarse una voz lírica como una mujer, entonces, la obra se pone en la mira sospechosa de la crítica literaria; doblemente en la mira si la autora en cuestión se autoproclama feminista, y triplemente si la autora lo hace sin empacho alguno. Por el mismo camino, las instituciones que ponen en marcha la comunicación literaria (ese proceso por el cual una obra circula y pervive), se encargan de separar este tipo de literatura escrita por mujeres y donde se configura la visión de una mujer en categorías especiales, ya sea “literatura escrita por mujeres” (a pesar de nunca señalar o categorizar la literatura escrita por hombres), o en “literatura escrita para mujeres” (como si fuera imposible que los lectores que no pertenecen al grupo cultural “mujer” pudieran adentrarse a estas obras).

La voz poética que se configura en Que quede claro se articula desde un ser mujer a pesar de lo anterior. A su vez, esta voz se construye a través de lo que la observa y ella logra reconstruir como su psique, como se declara en Soy ese árbol que mira, el poema que da inicio a la obra:

[…]

soy también

ese niño que me sonríe dulcemente

sus ojos se extienden

se convierten en grandes gotas de cristal

hielo hirviendo

soy mi madre vieja o mi hermana pequeña

soy todo eso que me siente y me mira

todo eso que paso de largo

  que callo

que miento

soy

un hilo delgadísimo a punto de romperse

que sigue vibrando

[…]

A través de este poema, la voz inicia su autoconfiguración como una consecuencia de lo que la rodea, además de que sirve como punto de partida para el viaje de la retrospección configurado a lo largo del libro, un examen interior que está en diálogo constante con lo que pasa fuera del cuerpo pero que incide en él. En el siguiente poema, De pronto, la hablante sospecha, reconoce y confirma su enfermedad:

[…]

entonces le duele todo

la muñeca que dejó en la banca a los cinco años

el pastel para mamá que se le resbaló de las manos

el rayón en sus zapatos nuevos

la vez que no dijo te quiero

la otra vez que se le fue el camión

cuando cerraron la tortillera

y se quedó con hambre en la banqueta de todas las cosas importantes

[…]

En Cuando recorro ojo adentro los días la voz poética se encuentra a través de la memoria. Gracias a las evocaciones de imágenes de la infancia y juventud, la voz logra decir “esos días soy yo”, por lo que observamos una reconstrucción del pasado, una reorganización que otorga sentido a hechos que ya no están más inconexos y que terminan por caracterizar la experiencia estética de la voz. Por otro lado, en Volver al lugar de una, el regreso ya no es a través del recuerdo, sino literal; esta vuelta posibilita, de nuevo, la reorganización del pasado que le permite:

[…]

sacar cuentas

resumidísimas cuentas

de lo que se es

de lo que somos

mirar sin pudor ni vergüenza

nuestra vida

corazona mía

nuestra tierna y pobre vida.

A partir, entonces, de esta reorganización, la hablante percibe que Hay personas que se fueron de sus ojos, a la vez que da cuenta de lo que es la paz en Se gesta el silencio. En 6:47 am se interrumpe esta tranquilidad y la hablante ensaya otra búsqueda de identidad como consecuencia de un encuentro:

[…]

yo

una pobre diabla

una muerta de hambre de amor

marginada de la magia

[…]

En Estoy triste y no he llorado la voz poética finaliza su enunciación a través del encuentro con su asesino. No obstante la situación de desventaja de la voz poética, misma que no le permite llorar a pesar de estar triste, ella continúa:

[…]

pero sigo de pie frente a mi asesino

no pido disculpas ni sonrío

igual blando mi cuchillo

[…]

Este último texto cierra el poemario de manera simbólica, ya que la voz poética supedita sus sentimientos al poder del habla: está triste, no ha llorado, pero enuncia. Como si en la enunciación misma existiera una catarsis que, más que “purificar las emociones” como dice la definición etimológica de la palabra, las proyectara para la acción de la persona que la lea.

Que quede claro es una declaración de principios de una voz que se autodenomina sobreviviente del amor de nuestros tiempos, dispuesta a reconstruir una introspección hecha por una mujer. Además de estético, es un texto político (y polémico) precisamente por lo anterior; la autora ha logrado dar voz a estas voces silenciadas o desdeñadas a través del trabajo artístico de la palabra. Que este libro sea un parteaguas para que se lea, se consuma y se escriba literatura con conciencia de género. El proceso de la comunicación literaria feminista, en la que participamos escritoras, público, editorial(es), y críticos, queda inaugurada.

Obras citadas

Freixas, Laura. Literatura y mujeres. Barcelona: Ediciones Destino, S. A., 2000.

Quiroz, Leticia. Que quede claro. Hermosillo: Vulvas Rebeldes Editorial, 2016.

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** Ana Álvarez Romero, es Licenciada y maestra en Literatura hispanoamericana por la Universidad de Sonora. Actualmente estudia el Doctorado en Humanidades en la misma institución.

***Ilustración de portada: Venecia López


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