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Cambiar fondo

Cristina Pizarro o el sentido de la palabra como imagen

10 junio, 2012

Por Manuel Parra Aguilar

Profesora en Letras, Licenciada en Educación y Gestión Institucional, Cristina Pizarro (Banfield, Provincia de Buenos Aires, 1949) expone la temática de la literatura infantil en Argentina, enfocándose primordialmente en la poesía, donde la autora es una de las exponentes con mayor relevancia en Argentina. La siguiente es la primera parte de una entrevista en la que se detallan los antecedentes inmediatos del género.

 


¿Literatura infantil o de lo infantil?

Para abocarse al tema, primero hay que definir a qué nos referimos al hablar sobre este tipo de literatura. Incluso en el siglo XXI se discute si lo que escriben los niños es en términos literarios o es una expresión. Decir “expresión” no es hablar de algo de menor relevancia. Ya sea cuento o poema, se discute mucho sobre la creatividad de los niños.

Se habla del discurso infantil y del discurso dirigido a los niños; esos son términos diferentes: uno es el que escriben los niños y otro el que se escribe para los niños. La Asociación de Poetas Argentinos (APOA) convoca anualmente a un concurso para infantes; ellos son los que escriben. Este concurso de APOA está dirigido a niños de distintas edades, a través de las distintas instituciones educativas del país, para que escriban textos, según las bases establecidas. Al leer lo hecho por ellos, a veces lo escrito tiene las características de un texto literario, aunque no sea de manera consciente.

En el mundo actual estamos más rodeados de la imagen visual, los otros sentidos, como lo sonoro, son importantes para el desarrollo motriz de los infantes, pero casi todos los que escriben poesía, por lo común, recurren a la imagen visual. Esto es debido a que tal vez los primeros ejercicios en el aula escolar sean colorear, dibujar, ya que el instructor o profesor ofrece colores a sus alumnos y no necesariamente los pone a ejecutar percusiones, siguiendo el ejemplo de lo sonoro.

Dentro de lo visual también aparecen las texturas, las formas, las cuales son texturas diferentes o formas diferentes, o incluso las posturas, los movimientos, todo lo corporal tiene que ver con esas imágenes que son las primeras a tratar por el niño.

Durante la Jornada de Paz de 2012, organizada por la Unión Hispanoamericana de Escritores, se realizó un concurso literario dirigido a niños de primaria donde, previamente, se les dio el tema para que escriban respecto a él. El tema fue la paz.

Que los niños escriban sobre la paz no es algo que puedan incorporar tan fácilmente a su entorno como para hacer expresiones maravillosas o expresiones líricas, porque es un concepto abstracto. La paz, la libertad, así como todas las ideas patrióticas. Cuando se habla de la poesía patriótica, a los niños se les suele hacer recitar determinados versos, y esto es algo difícil, sobre todo los textos escritos en el neoclasicismo, que propulsó mucho esta poesía épica, lírica, de la patria.

El niño todavía no tiene tantas experiencias a nivel abstracto como para escribir o leer sobre temas que son ideas abstractas, como la paz, el amor, el cual se vive con experiencias. En cada persona hay poemas de paz y amor, porque hay situaciones que implican uno y otro; entonces el asunto en la poesía infantil es que esté lo concreto, no lo abstracto, sino lo concreto que dé lugar a la imagen y al desarrollo de la imaginación, pero con una palabra rica en sí misma. Como aparece en los versos de Álvaro Yunque cuando dice:

Mamá cuando sea grande,
voy a hacer una escalera
tan alta que llegue al cielo,
para ir a buscar estrellas.

Escribir a partir de las emociones, creando escenas, escenas de lo vivido, de la experiencia, ir de la experiencia de la realidad hacia lo que puede surgir, son parte de la guía motriz del niño, ya sea lector o como oyente de esa obra literaria, llámese poema o cuento.

No es que el niño no tenga fantasía, sino que ésta aún no se desarrolla bien si no existe el estímulo para hacerla desarrollar. En Argentina hubo una época en la que se decía: “No, no; esto de criterio de realidad y fantasía no”, incluso por ilimitada fantasía se prohibió La torre de cubos, libro de Laura Devetach; prohibido por una resolución en 1979 en la provincia de Santa Fe durante la época del proceso militar.

Hay palabras que no son provocadoras de imágenes desde el punto de vista gramatical. La palabra tiene que ser connotativa.

 

Marías, referentes inmediatos

María Elena Walsh, con su Tutú Marambá, hizo un boom en Argentina en los años 60. En sus inicios Walsh se dedicó a la canción. María Elena fue como ella misma se definió: una señora del espectáculo, porque se empezaron a poner en los teatros sus obras, como por ejemplo Doña disparate. Así, Walsh llegó al público no por el libro, llegó por el disco, llegó por la canción. Otro título a recordar de Walsh son las Canciones del tiempo de Maricastaña, que son canciones de recopilación del folklore español, después las canciones de El reino del revés, bien al estilo de Lewis Carroll, ya que ella heredó de su padre (De Walsh, no de Lewis) ese humor inglés.

Sin embargo, hay que señalar que Walsh no fue la primera poeta que se ocupó del discurso infantil.

Hubo otros autores que hicieron poesía para ilustrar, poemas alusivos para la unidad didáctica. A este tipo de tarea se le decía “unidad de trabajo” para que las maestras hicieran la planificación; entonces los editores de los libros didácticos agregaban un cuento, algún poema para relleno.

Hay poetas dignos de recordar: están José Sebastián Tallón, Javier Villafañe, Fryda Schutz de Mantovani. Además Germán Berdiales, entre tantos otros autores que trabajaron con el folklore, que también fue una rama importante en la difusión de poesía para niños.

El folklore en la oralidad, con su estructura sencilla, fue y es un recurso muy propicio para que los niños se acerquen a la literatura y desarrollen su imaginación. En los cuentos y poemas populares hay muchas repeticiones; una de las reglas del folklore es la ley de los opuestos: los ricos-los pobres, los grandes-los niños, donde todo se opone y esas configuraciones de la simplicidad facilitan la compresión y la iniciación.

María Hortensia Lacau fue profesora y directora de una de las escuelas normales de Capital Federal, y junto a Mabel Rossetti hizo muchos libros basados en la gramática estructural. Lacau y Rossetti hacían juntas los libros de castellano para las aulas. María Hortensia Lacau se dedicaba más a la parte literaria, tanto fue así que hizo un libro al cual se le llamaba Didáctica de la lectura creadora, en la década de 1960.

¿Qué es la lectura creadora? El libro se distribuía en grupo para hacer la lectura total, ya que todavía no era la época de las fotocopias, pero sí era la época donde un libro se llenaba de fragmentos de textos. Se le llamaba el libro de lectura como si no fueran de lectura los demás libros. Lacau fue una de las que impulsó a que los chicos y jóvenes hicieran la lectura completa. Cada uno leía y cada uno comentaba. María Hortensia Lacau daba frases generadoras para que los chicos escribieran: carta al personaje, diálogo con el personaje, en fin, siempre una propuesta para que escribieran con alguno de los elementos de la obra literaria.

Así, María Hortensia Lacau publicó para los años 60s y 70s, época para la cual María Elena Walsh ya tenía una apertura masiva.

A fines de 1983 hubo un movimiento de escritores que se dedicaron a la literatura para niños: empezaron a visitar escuelas, a hacer congresos, jornadas, y el acercamiento de los chicos a los autores. A finales de esa década se crea la Feria del libro infantil. En sus inicios la feria albergaba a pocos autores, sin embargo el hecho de que los niños y jóvenes vieran a los autores los empezó a interesar más por la lectura; aunado a esto hay que mencionar la generosidad de los escritores, puesto que la mayoría de ellos, desde sus inicios, no han recibido nada a cambio. Pasando los ochentas, con la incorporación de nuevas editoriales, llegando a la acomodación de la época democrática, hubo un plan de lectura iniciado por Hebe Clemente en el gobierno de Raúl Alfonsín, donde los talleristas tenían que viajar y se les pagaba algo simbólico.

A finales del siglo pasado e inicios de este, ha habido colecciones importantes de literatura infantil. Editorial Colihue edita una colección llamada Pajarito remendado, colección enfocada en los niños: publican cuentos a precios económicos, además se pueden conseguir los libros en kioskos y puestos de revistas. Otra colección de Colihue es Libros del malabarista.

Hay que recordar a la escritora Laura Devetach y el recién fallecido Gustavo Roldán (ambos trabajaron en Editorial Colihue) quienes han sido parte de esta distribución enorme de literatura dirigida a los niños del siglo XXI.

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*Cristina Pizarro, Presidente-fundadora de la Academia argentina de Literatura infantil y juvenil. Es titular de la cátedra de Literatura del Instituto Superior de Profesorado “Sara C. de Eccleston” de Buenos Aires, además ha coordinado talleres de escritura con técnicas psicodramáticas. Es miembro de APOA, de la Asociación Americana de Poesía, SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina). En 1991 fundó el grupo A.L.E.G.R.I.A. (Actividades de lectura y escritura grupales para la revelación e integridad de los afectos).

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